El suicidio recurrente de los locos.

Y así, cuenta la historia que las palabras mayores se suicidaron por la comisura de sus labios. Acto seguido lo hizo un manantial a una velocidad demasiado alta, casi extrema. Caía, caía, caía y caía sin que el dios de todos ni el viento de nadie pudiera evitarlo y no paraba de caer ese manantial por sus abruptas rocas. Se dice que algunos pececillos de colores tenían miedo de morir en aquel lugar y esperaba la alegría de sus colores a expensas de que llegase un cálido día, ese en el cual el manantial se secase y pudiesen permanecer alegres los colores, alegres hasta el final, el día en el que no le tendrán miedo a nada.
Esta es la historia del suicidio recurrente de las palabras mayores, de las palabras mayores de los locos.

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