Me pareció curioso quererle sólo cinco minutos ese día, fue el tiempo que tardó en echarme de sus pulmones... pasados esos cinco minutos el aire era más denso, era plomo en mi faringe y comenzó, comenzó a costar respirar. Quien iba a decirme que sería tan costoso espirar e inspirar, espirar e inspirar... sólo se que en sus pulmones se respira mejor, y que sin él no puedo.
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